Nuestra historia familiar

Desde 1934, nuestra historia familiar está unida a la historia de nuestras casas y de las personas que viven en ellas.

Cada decisión estratégica, cada innovación, cada nueva generación al frente de la empresa ha respondido a una profunda transformación de la sociedad, de los estilos de vida, de la forma en que vivimos, de lo que esperamos de nuestros hogares.

No es solo una historia de muebles. Es la historia de una familia alsaciana que ha sabido entender su tiempo, adaptarse a él y a veces incluso anticiparse, para que todos podamos vivir mejor en casa.

Fundar una familia, crear una empresa

Hubert y Antonia Schmidt

Hubert Schmidt tenía veintisiete años. Huérfano de padre a los cuatro años y perteneciente a una familia de siete hermanos, aprendió albañilería con la convicción de que el trabajo bien hecho forja un destino. En 1934 se casó con Antonia y, a los 27 años, montó su propia empresa de albañilería en Türkismühle, una pequeña ciudad del Sarre. Antonia se ocupaba de la administración. Hubert construía y vendía. Pronto se sucedieron los proyectos: casas unifamiliares, bloques de pisos y edificios administrativos. La empresa era familiar desde el primer día, y seguiría siéndolo.

Dos incendios consecutivos destruyeron el taller y el almacén pocos años después de la fundación de la empresa. Otros se habrían rendido. Hubert Schmidt se puso de nuevo en marcha, fiel a las palabras de Kipling que había hecho suyas: «Si puedes ver destruida la obra de tu vida y, sin decir palabra, volverla a comenzar…».

El Sarre de 1934 era un territorio en el limbo. Bajo mandato de la Sociedad de Naciones desde 1920, estaba a la espera de un referéndum que decidiría su futuro: permanecer bajo administración internacional, reincorporarse a Francia o volver a Alemania. En esta transición política, el deseo de un hogar y de una vivienda unifamiliar cristalizó los anhelos de toda una generación. Es en este contexto donde el sentido de la obra de Hubert Schmidt encuentra su resonancia social.

Evolución: del hogar al mueble

La guerra arrasó con todo. Hubert Schmidt volvió a empezar de cero en una Alemania que había que reconstruir. Un cliente le sugirió que empezara a fabricar muebles de cocina: sus carpinteros eran excelentes y el mercado era enorme. Dudó, pero luego se dedicó por completo al negocio.

En 1946 se construyó la primera sala de fabricación en Türkismühle. En 1950 le siguió la segunda. En 1948 se presentaron los primeros modelos en la feria de St. Wendel, entre ellos el legendario aparador Heidi. Había nacido Schmidt Küchen. La producción se aceleró rápidamente y conquistó el cercano este de Francia.

La Europa de posguerra estaba en plena reconstrucción. Los hogares alemanes lo habían perdido todo: muebles, vajilla y utensilios. La prioridad era volver a equipar rápidamente a todo el mundo.

El aparador de cocina encarnaba esta nueva aspiración a la normalidad: un mueble sólido, funcional y visible que simbolizaba el primer peldaño de la escala social. La estandarización industrial, llegada de Estados Unidos, fue el modelo de la reconstrucción. Producir en serie lo que antes se hacía a mano era el reto al que se enfrentaba toda una generación de empresarios europeos. Hubert Schmidt lo asumió con pragmatismo y un agudo sentido del mercado.

Cruzar la frontera

El 13 de enero de 1957, los habitantes del Sarre votan en referéndum su adhesión definitiva a Alemania. Para Schmidt Küchen, cuyos mercados eran ahora mayoritariamente franceses, la decisión estaba tomada: debía instalar una fábrica en Francia para evitar los derechos de aduana. Hubert Schmidt compró una antigua hilandería familiar en Lièpvre (Alsacia).

El 6 de julio de 1959, una veintena de trabajadores del Sarre llegaron a la ruinosa fábrica y, en tres meses, la volvieron a poner en marcha. Había nacido oficialmente la marca «Cocinas Schmidt», con 4 comerciales, 57 empleados y una facturación de 300 000 euros. Lo que debía ser un simple traslado logístico se convirtió en los cimientos de una aventura industrial francesa.

En la Francia de los Treinta Gloriosos, los franceses descubrían la sociedad acomodada, abandonando el campo por la ciudad y sus viviendas públicas. La política de construcción dotó a las familias de viviendas modernas equipadas con cocinas independientes que había que amueblar. Se introdujeron electrodomésticos, como el frigorífico y la lavadora. La emergente clase media invirtió con orgullo en el interior de sus viviendas.

Impulsar la transformación

Karl Leitzgen

El 28 de enero de 1967, Karl Leitzgen contrajo matrimonio con Antonia Schmidt, hija del fundador (llamada por tanto igual que su madre). Era ingeniero petrolero en Standard Oil. Abandonó Estados Unidos para trasladarse a Lièpvre. Se hizo cargo de la dirección técnica de la fábrica y emprendió inmediatamente su transformación: ampliación (de 6000 a 32 000 m² en 1976), contratación de directivos e ingenieros y modernización de la maquinaria.

Rápidamente se dio cuenta de que el aparador era historia y preparó la transición hacia la fabricación de los primeros muebles de cocina a medida, revolucionando totalmente la oferta tradicional del mercado. Las exportaciones locales se dispararon gracias a esta nueva y llamativa personalización.

En 1967, Francia estaba al borde del cambio. Mayo del 68 trajo consigo una profunda transformación en la forma en que la gente percibía el trabajo, la autoridad y el consumo. En el hogar, la cocina funcional está en el centro de esta evolución: los electrodomésticos se multiplican y las mujeres trabajadoras quieren una cocina práctica y agradable. La arquitectura interior evoluciona e incluye en sus proyectos cocinas equipadas. Karl Leitzgen percibió este cambio estructural antes que la mayoría de sus competidores.

Reinventar la cocina como espacio de vida

La segunda generación tomó el control total. Hubert Schmidt traspasó la empresa a sus hijas en 1975. Karl Leitzgen, que ya dirigía la empresa desde 1967, tomó una importante decisión estratégica: abandonar la gran distribución y crear una red de tiendas exclusivas Cocinas Schmidt. Lanzó el primer catálogo a color, con tres gamas (standard, prestige, classique) e introdujo los primeros frentes bajo pedido, una primicia en Europa.

La cocina ya no era solo un espacio funcional, era el corazón del hogar. La empresa contaba entonces con 150 empleados y generaba unas ventas de más de 5 millones de euros.

El final de los Treinta Gloriosos marcó un punto de inflexión en la vivienda francesa. Los electrodomésticos alcanzan su apogeo y, a pesar de la crisis del petróleo, la inversión en la vivienda sigue siendo una prioridad para los franceses. La cocina comienza a abrirse hacia el salón: poco a poco pasa de ser un espacio técnico aislado a un lugar de reunión familiar.

Los consumidores son cada vez más exigentes y están mejor informados. Es el momento de las redes especializadas, los servicios de asesoramiento y las marcas fuertes.

Ampliación de nuestra red de tiendas

El 13 de julio de 1983, el último aparador Prestige 150 salió de la fábrica de Lièpvre. Una época llegaba a su fin. Cocinas Schmidt había completado su transformación: había pasado de la gran distribución a una red de tiendas exclusivas, había dejado de lado el producto genérico para construir su propia marca y había sustituido el stock por la contramarca. Ese mismo año, la empresa se convirtió oficialmente en SALM (Société Alsacienne de Meubles) y abrió su primera filial en el Reino Unido.

SALM contaba con 270 empleados y generaba unas ventas de 19 millones de francos. Como quinto fabricante francés en su mercado, empezaba a existir como marca y preparaba una gran ampliación.

La Francia de 1983 salía de las ilusiones de un crecimiento infinito. El paro superaba los 2 millones y las medidas de austeridad habían comenzado. Sin embargo, los franceses siguen invirtiendo en sus viviendas. Surgen tiendas especializadas en las afueras de las ciudades. La idea del «proyecto cocina», una habitación bien pensada y personalizada, empieza a imponerse. La imagen de la cocina de formica deja paso a una nueva aspiración: la cocina como expresión de un estilo de vida. Un mercado en proceso de reinvención.

Escribir la filosofía de empresa

«Queremos ser los mejores, respetar a cada persona y tener éxito juntos»

En enero de 1986, los treinta y cinco directivos de SALM se reunieron en un seminario en la Selva Negra. Estos dos días de trabajo colectivo dieron origen a la filosofía de la empresa, redactada bajo la dirección de Karl Leitzgen: «Queremos ser los mejores, respetar a cada persona y tener éxito juntos». Estas pocas palabras se convirtieron en la brújula permanente de todas las decisiones de gestión.

Ese mismo año, SALM emprendió una ambiciosa política de marca e invirtió 50 millones de francos en comunicación nacional. La empresa contaba con 350 empleados y generaba unas ventas de 44 millones de euros. Comenzó la construcción de la fábrica U1 en Sélestat.

En los años 80, se descubrió la «cultura de empresa». En Francia, las grandes empresas elaboraban sus valores y proyectos corporativos. Los empleados ya no solo querían un sueldo, sino pertenecer a algo. Karl Leitzgen, humanista convencido, intuyó antes que muchos otros que el rendimiento sostenible depende del compromiso humano. Una convicción que Schmidt Groupe mantiene intacta cuarenta años después.

Convertirse en una marca nacional

El 23 de enero de 1989, en el Palacio de Chaillot de París, Cocinas Schmidt lanzó su marca por todo lo alto, en presencia del imitador Yves Lecoq. Con anuncios en la televisión nacional, una campaña de carteles y una red de 200 centros de asesoramiento, la empresa adquirió una nueva dimensión. En septiembre, se inauguró la fábrica U1 de Sélestat, de 30 000 m², semiautomatizada y controlada digitalmente, ante 5000 personas.

Ese mismo año se produjo un giro histórico: la filial francesa compró la matriz alemana Schmidt Küchen, en crisis. SALM contaba con 600 empleados y generaba unas ventas de 65 millones de euros.

1989 fue un año mundial. La caída del Muro de Berlín inauguró una nueva era. La televisión se estableció definitivamente como el principal medio de comunicación de masas: emitir un anuncio nacional en televisión significaba entrar en los hogares franceses. Los consumidores empezaron a exigir marcas estructuradas, garantías y una relación comercial de principio a fin. La era del diseñador de cocinas anónimo llegaba a su fin.

Democratizar la fabricación a medida

En 1992, SALM lanzó Cuisinellà, una nueva marca con aire italiano más accesible dirigida a las parejas jóvenes y al mercado de gama media. La primera tienda se abrió en Sélestat en junio. Al mismo tiempo, SALM se convirtió en el primer fabricante francés de cocinas en obtener la certificación de calidad ISO 9001, una primicia en el sector.

La muerte de Hubert Schmidt marca el final de una era fundacional. La empresa cuenta con 700 empleados y genera unas ventas de 83 millones de euros. Ya es el segundo fabricante francés.

En 1992 se firma el Tratado de Maastricht. El acceso al crédito al consumo se generaliza: las cocinas equipadas ya no son exclusivas de los hogares acomodados.

La sociedad francesa entra en una fase de individualización acelerada.

Cada hogar reclama su propia identidad. La cocina se convierte en un espacio de vida en el que se expresan gustos, estilos de vida y personalidades. El presupuesto para el equipamiento del hogar aumenta sin cesar, incluso en un contexto económico difícil.

Transmitir, industrializar, perpetuar

Antonia Leitzgen

El 18 de octubre de 1995, Karl Leitzgen falleció repentinamente a la edad de 59 años. «Todo el pueblo de Lièpvre vino a despedirse de él. Incluso los trabajadores de la fábrica de Türkismühle asistieron al funeral», cuenta Antonia Leitzgen. Su esposa asumió la presidencia de SALM, apoyada por Jean-Marie Schwab. Su visión era industrializar la fabricación a medida. Ahora los clientes elegían sus propios colores, estilos y combinaciones. La fabricación a medida deja de ser un lujo y se convierte en la norma. La empresa cuenta con 800 empleados y genera unas ventas de 94 millones de euros.

La Francia de los años 90 atraviesa una profunda crisis de identidad social. Desempleo masivo, aumento de las desigualdades: la uniformidad ya no es tranquilizadora, sino opresiva. Cada persona reivindica la singularidad de sus elecciones y de su interior. La personalización se está convirtiendo en el argumento central en todos los sectores. Schmidt Groupe lo traduce en un proceso industrial y lo convierte en su ventaja competitiva definitiva.

Anne Leitzgen: heredar y reinventar

En diciembre de 2006, Anne Leitzgen, de 33 años y nieta del fundador, asumió la presidencia del grupo familiar. Después de haber estudiado publicidad, se incorporó a la empresa en las áreas de marketing, desarrollo de redes en Suiza y recursos humanos. Su objetivo era conseguir que SALM fuera el grupo europeo de muebles a medida para el hogar.

Reforzó la red de tiendas exclusivas, intensificó las exportaciones y se lanzó a la conquista internacional. SALM contaba con 1300 empleados y generaba unas ventas de 295 millones de euros. Era ya el primer fabricante de cocinas de Francia y el quinto de Europa.

Apple lanzó el iPhone en 2007. La relación entre las marcas y sus clientes estaba a punto de sufrir una profunda transformación. Había llegado el consumidor conectado: informado, exigente y con sus propias ideas estéticas. Los primeros blogs de decoración empezaban a transformar los códigos de las cocinas equipadas. La personalización ya no era una opción, sino lo que se esperaba. Schmidt Groupe está estructuralmente preparado para esta nueva realidad.

A la conquista de Europa

En 2010, el Grupo estaba presente en más de 20 países. Desde 2008, se habían abierto más tiendas fuera de Francia que en Francia. La fábrica U2 de Sélestat, totalmente automatizada y conocida como la «catedral industrial» por sus propios empleados, funciona a pleno rendimiento. Fabrica cocinas completamente personalizadas en seis semanas, desde el pedido hasta la entrega.

La empresa es el primer exportador francés de cocinas y el primer fabricante del país. Cuenta con 1444 empleados, 6000 en su red mundial y genera unas ventas de 332 millones de euros. Obtiene la nueva etiqueta de certificación ecológica por sus prácticas sostenibles.

La crisis de 2008 puso de manifiesto una tendencia fundamental: el repliegue sobre el hogar. La vivienda vuelve a convertirse en una inversión significativa. Al mismo tiempo, las certificaciones medioambientales se están convirtiendo en criterios de compra. Los consumidores quieren saber de dónde proceden sus muebles. En toda Europa crece el deseo de calidad en el hogar, y Schmidt Groupe va un paso por delante.

Seducir al mundo

En 2014, Schmidt Groupe cruzó una nueva frontera: Asia. Una empresa conjunta con Suofeiya, que contaba con 1200 tiendas de muebles en China, dio lugar a una fábrica de 65 000 m² en Ningxi, cerca de Guangzhou, que se puso en marcha en junio de 2015. El Euroforum de 2014, organizado en un crucero entre Marsella y Génova, reunió a 3000 personas de todo el mundo en torno a la visión de «Armada a la conquista de los consumidores».

El Grupo contaba con 1400 empleados en Francia y 6000 en todo el mundo, y generaba unas ventas cercanas a los 400 millones de euros. Inicialmente se abrieron 500 tiendas en China.

En 2014, China es la segunda economía mundial. Sus 300 millones de habitantes de clase media aspiran a un nuevo estilo de vida: calidad, personalización y referencias occidentales. El arte de vivir a la francesa se impone masivamente en las grandes ciudades. La cocina equipada, todavía poco extendida, está a punto de experimentar un auge en el mercado. Schmidt Groupe llega con una oferta sin equivalente local.

Reafirmar nuestras raíces. Schmidt Groupe: un nombre, un orgullo

En 2016, SALM abandonó su acrónimo administrativo y adoptó el nombre de su fundador: Schmidt Groupe. Esto supuso un fuerte acto simbólico para reafirmar la herencia familiar en un mundo globalizado. El Grupo lanzó el contrato «Garantía Excelencia Schmidt» y colocó la primera piedra de U3, una nueva fábrica dedicada al almacenaje, la más automatizada de su sector.

1500 empleados, 7500 colaboradores en todo el mundo, 460 millones de euros de ventas, de las cuales el 15 % se generaba fuera de Francia. Anne y Caroline Leitzgen recibieron el Grand Prix de l’Entreprise Patrimoniale et Familiale. Anne Leitzgen fue nombrada «Mujer del Año 2016» por la IREF.

Los consumidores quieren marcas que se responsabilicen de su historia, su lugar de fabricación y su compromiso. La autenticidad se ha convertido en el principal criterio de confianza. Schmidt Groupe lleva el nombre de su fundador y está orgulloso de sus valores familiares.

Acelerar en medio de la tormenta

El covid-19 paralizó la actividad de las fábricas de Alsacia durante varias semanas. Schmidt Groupe organizó la reapertura con rigor, preservó los puestos de trabajo y aceleró dos proyectos que ya estaban en marcha: el lanzamiento de las páginas web de comercio electrónico y el auge de U2B. La crisis sirvió para abrir los ojos: la solidez industrial, la red local y la cultura humana de la empresa extendida se convirtieron en activos decisivos. El Grupo salió de este periodo siendo más ágil y más digital.

Con el confinamiento, los franceses se enfrentan a sus casas como nunca antes. Atrapados entre cuatro paredes, miden cada metro cuadrado mal pensado, cada cocina mal distribuida. Por ello, cuando finaliza el confinamiento, el mercado del equipamiento interior se dispara: las familias invierten en masa en sus casas. El «hogar» se convierte en la principal prioridad de los consumidores. Lo que Schmidt Groupe lleva diciendo desde 1934 (Vivir mejor en el mundo) se convierte en una obviedad colectiva.

Comprometerse con la empresa del mañana

En noviembre de 2023, Schmidt Groupe se unió a la comunidad mundial de empresas B Corp. Esta exigente certificación internacional traduce en hechos la convicción de Anne Leitzgen: «La actividad empresarial de mañana será RSC o no será». Descarbonización de los procesos industriales, ecodiseño de los productos, madera con certificación PEFC desde hace años… el compromiso medioambiental no es algo reciente, sino un camino que ya llevamos tiempo recorriendo.

El Grupo también lanzó ID PRO, una nueva marca dedicada a los profesionales del equipamiento.

En 2023, la cuestión ya no era saber si las empresas debían comprometerse o no, sino cómo demostrar que realmente lo hacían. Ante la desconfianza de los consumidores y la urgencia climática, la certificación B Corp se impuso como el estándar de credibilidad.

Los consumidores ya no solo quieren una cocina bonita: quieren saber cómo se ha fabricado, con qué materiales y qué huella deja. El equipamiento interior se convierte tanto en una cuestión de elección como de estilo.

Personalizar aún más, siempre un paso más allá

Schmidt Groupe integra la inteligencia artificial en cada etapa de la experiencia del cliente: diseño asistido en tienda, optimización de procesos industriales, control de calidad. La IA no sustituye a las personas, sino que las mejora. Las soluciones a medida, que ya forman parte del ADN del Grupo desde hace varias décadas, ahora pueden cruzar nuevas fronteras.

El consumidor de 2026 ya no quiere elegir entre un abanico de opciones: quiere que su cocina se diseñe para él, con él, en tiempo real. La inteligencia artificial está redefiniendo la relación con la personalización en todos los sectores. En el hogar, está transformando el acto de comprar en un acto de cocreación. Schmidt Groupe, que fabrica productos a medida desde hace cincuenta años, sigue avanzando en esta revolución.