La excelencia en movimiento
Fomentar el progreso continuo
El progreso continuo caracteriza nuestra cultura industrial y se sustenta en dos pilares.
En primer lugar, las mejoras diarias que proponen y aplican de forma continua los equipos operativos.
En segundo lugar, las inversiones disruptivas que transforman nuestras capacidades de producción.
Progresar cada día
Los proyectos de mejora continua involucran a todas las plantas y departamentos.
Cada año se llevan a cabo cerca de 300 proyectos, lo que genera beneficios cuantificables en términos de ahorro económico, reducción de la huella de carbono, mejora de la seguridad y la ergonomía, y reducción del consumo energético.
Estos proyectos no se limitan a la producción: todas las direcciones de la empresa están hoy comprometidas con este enfoque.
Algunos proyectos suponen un ahorro de varios cientos de miles de euros, otros solo unos cientos. Pero todos se valoran, ya que reflejan la misma lógica: identificar un fallo, comunicarlo, proponer soluciones para corregirlo, ponerlas en práctica y medir su resultado. Y volver a empezar.
En Schmidt Groupe, decimos «¡Genial, un problema!», porque un problema es una oportunidad para progresar.
Invertir para transformar
Las inversiones disruptivas, por su parte, transforman estructuralmente nuestras capacidades. El proyecto U3B ilustra este enfoque: desconexión de las líneas de producción para reducir el consumo eléctrico, integración de vehículos autónomos para agilizar los flujos, y despliegue masivo de robótica para mejorar la productividad y la ergonomía. Estos proyectos requieren inversiones cuantiosas, pero redefinen de forma duradera nuestros estándares de rendimiento.
Esta cultura del progreso permanente se basa en una convicción: un problema identificado es una oportunidad de mejora. No buscamos ocultar las disfunciones, sino que las documentamos, las analizamos y las resolvemos.