La excelencia en movimiento

Fomentar el progreso continuo

El progreso continuo caracteriza nuestra cultura industrial y se sustenta en dos pilares.

En primer lugar, las mejoras diarias que proponen y aplican de forma continua los equipos operativos.

En segundo lugar, las inversiones disruptivas que transforman nuestras capacidades de producción.

Progresar cada día

Los proyectos de mejora continua involucran a todas las plantas y departamentos.

Cada año se llevan a cabo cerca de 300 proyectos, lo que genera beneficios cuantificables en términos de ahorro económico, reducción de la huella de carbono, mejora de la seguridad y la ergonomía, y reducción del consumo energético.

 

Estos proyectos no se limitan a la producción: todas las direcciones de la empresa están hoy comprometidas con este enfoque.

Algunos proyectos suponen un ahorro de varios cientos de miles de euros, otros solo unos cientos. Pero todos se valoran, ya que reflejan la misma lógica: identificar un fallo, comunicarlo, proponer soluciones para corregirlo, ponerlas en práctica y medir su resultado. Y volver a empezar.

En Schmidt Groupe, decimos «¡Genial, un problema!», porque un problema es una oportunidad para progresar.

Las Estrellas del Progreso

Se trata de nuestro programa de reconocimiento interno que premia tanto los grandes logros como las iniciativas más modestas llevadas a cabo de forma individual por un empleado.

La edición de 2025, que marcó el 20.º aniversario del programa, fue un año récord con más de 320 proyectos de mejora continua llevados a cabo por equipos de todas las direcciones. En total, las iniciativas de un año generaron:

  • 10,5 millones de euros de beneficios,
  • 2736 toneladas de CO2 evitadas,
  • 10 000 medidas de mejora implementadas, para reducir los riesgos y mejorar la salud y la seguridad en el trabajo.

Más allá de las cifras, se trata sobre todo de ideas que se han hecho realidad, de problemas cotidianos convertidos en soluciones, de pequeños pasos repetidos que construyen un rendimiento sostenible.

Invertir para transformar

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Las inversiones disruptivas, por su parte, transforman estructuralmente nuestras capacidades. El proyecto U3B ilustra este enfoque: desconexión de las líneas de producción para reducir el consumo eléctrico, integración de vehículos autónomos para agilizar los flujos, y despliegue masivo de robótica para mejorar la productividad y la ergonomía. Estos proyectos requieren inversiones cuantiosas, pero redefinen de forma duradera nuestros estándares de rendimiento.

Esta cultura del progreso permanente se basa en una convicción: un problema identificado es una oportunidad de mejora. No buscamos ocultar las disfunciones, sino que las documentamos, las analizamos y las resolvemos.